Se suele creer que conservar las pertenencias de un ser querido fallecido nos ayuda a sobrellevar el duelo. Sin embargo, paradójicamente, estas reliquias del pasado pueden prolongar el sufrimiento y retrasar nuestro camino hacia la paz. ¿Y si, para sanar, necesitáramos aprender a soltar?
¿Quién no se ha encontrado alguna vez aferrado a un suéter, un anillo o una carta de un ser querido fallecido, con la excusa de que desprenderse de ellos sería una traición? Nos convencemos de que estos objetos son salvavidas, fragmentos de recuerdos que nos mantienen a flote. Pero ¿y si, en realidad, alimentan una melancolía silenciosa que dificulta nuestra capacidad de sanar? Por eso, aprender a clasificar las pertenencias de una persona fallecida puede ser un acto profundamente liberador.

La trampa emocional de las reliquias del pasado
Continúa en la página siguiente