Por qué conservar las pertenencias de un ser querido puede obstaculizar la reconstrucción

 

En las primeras etapas del duelo, es natural querer conservar lo que queda: un abrigo que aún conserva su aroma, un álbum de fotos, una taza de café matutina. Los guardamos “por si acaso”, creyendo que nos reconfortarán. Sin embargo, estos objetos pueden convertirse en anclas que nos mantienen en un pasado congelado, impidiendo que la herida cicatrice. Psicológicamente, aferrarse a las pertenencias de un ser querido puede obstaculizar el proceso de duelo. Crea una especie de “cámara de eco temporal”, donde inconscientemente posponemos la realidad de la pérdida. Aun así, aunque este camino sea largo, es esencial para recuperar la paz interior.

Por qué conservar las pertenencias de un ser querido puede obstaculizar la reconstrucción

Liberando espacio para dar la bienvenida al mañana.

¿Y si ordenar tu entorno también te permitiera ordenar tu interior? Clasificar, donar u organizar las pertenencias de un ser querido fallecido no es un acto de olvido ni una falta de respeto. Es un poderoso gesto simbólico, una forma de decir: «Vives en mi corazón, pero he decidido seguir adelante». Una manera delicada de empezar es con los objetos menos emotivos. Luego, con el tiempo, puedes seleccionar uno o dos recuerdos preciados —una fotografía, una joya, una carta— y deshacerte del resto. Donar estas pertenencias a una organización benéfica o a alguien necesitado también puede darle un nuevo significado a este acto de dejar ir.

 

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