La plantilla para tacones altos, también llamada talonera, era una fina capa de espuma o gel que se colocaba en la parte trasera del zapato. ¿Su propósito? Mejorar la comodidad, reducir la fricción y evitar esas pequeñas molestias que pueden arruinar un día: el calor, la incomodidad o el cansancio en los pies.
En una época en la que usar tacones era parte de la vida cotidiana, este accesorio era casi tan esencial como un bolso. Invisible una vez puesto, pero extraordinariamente efectivo.