Atrancamos el dormitorio.
Javier prendió fuego abajo para obligarnos a salir.
En la caja fuerte había un revólver antiguo. Lo tomé.
Leo preparó mantas mojadas. Me dio órdenes claras.
Abajo, Javier esperaba con un cuchillo.
La lámpara
Leo conocía la casa mejor que nadie. Durante años había observado cada detalle en silencio, memorizando accesos, anclajes y puntos débiles.
Vio la lámpara de araña.
Forzó el armario del perno y lo golpeó hasta soltarlo.
La lámpara cayó.
La escalera se partió.
Javier cayó al fuego.
El rescate
Seguíamos atrapados cuando un cristal se rompió en el balcón trasero.
Un agente de civil entró mostrando su placa.
—Policía judicial. Recibimos la ubicación y las pruebas hace diez minutos.
Habían entrado por el balcón porque la verja seguía cerrada con cadena y el fuego bloqueaba el acceso frontal.
Nos sacaron con los bomberos.
La caída final
Javier salió herido, delirante, y confesó delante de todos.
Leo caminó frente a él y reprodujo los audios.
La verdad quedó expuesta.
La explosión final de la bombona ocurrió dentro de la casa, cuando ya nadie estaba cerca, sellando su destino.