Tu camino espiritual cuando sientes que avanzas lento.
Y cada plan que pongas delante de Él.
No porque las palabras tengan poder por sí solas, sino porque el Dios al que oramos es fiel.
Tómate un momento. Léelo otra vez. En silencio. Con intención.
Y si esta oración tocó tu corazón, escribe Amén y compártela con alguien que necesite recordar que Dios todavía bendice, guía y sostiene.