No confundas amor con rescate
Una cosa es ayudar a alguien que está intentando salir adelante. Otra muy distinta es rescatar una y otra vez a quien repite el mismo problema sin cambiar nada.
Cuando siempre resuelves las consecuencias de otra persona, puedes terminar impidiendo que aprenda. Hay personas que no cambian porque nunca enfrentan el costo real de sus decisiones. Siempre aparece alguien que paga, limpia, arregla o sostiene.
Eso no siempre es amor. A veces es una forma de crear dependencia.
La ayuda verdadera no busca volverse indispensable. Busca que la otra persona crezca, aprenda y pueda sostenerse por sí misma.
No todos quieren salir de su problema
Hay personas que dicen querer ayuda, pero en realidad solo buscan compañía dentro de su crisis. No quieren soluciones, quieren atención. No buscan cambiar, buscan que alguien valide su sufrimiento.
Y aunque duela aceptarlo, nadie puede querer la mejora de otra persona más de lo que esa persona la quiere para sí misma.
Puedes acompañar, aconsejar y tender la mano, pero no puedes vivir por alguien más. Si intentas cargar una vida que no te pertenece, tarde o temprano terminarás soltando la tuya.
Los límites también son una forma de respeto
Muchas personas creen que serán más queridas si siempre dicen que sí. Pero la realidad suele ser diferente: quien siempre está disponible muchas veces termina siendo menos valorado.
Cuando aceptas lo inaceptable, enseñas que contigo eso se puede hacer. Cuando permites faltas de respeto, enseñas que no habrá consecuencias. Cuando das sin límites, algunos empiezan a creer que tu tiempo no vale.
Los límites no alejan a quien te quiere de verdad. Solo alejan a quienes estaban cerca por lo que podían obtener de ti.
Para obtener más información , continúa en la página siguiente