Las migraciones también han desempeñado un papel importante en este fenómeno. Cuando millones de personas se trasladaron a nuevos países durante diferentes períodos históricos, muchos de sus nombres y apellidos fueron modificados para adaptarse al idioma local. En ocasiones, los funcionarios registraban los datos según lo que escuchaban, generando variantes únicas que terminaron convirtiéndose en apellidos oficiales para las siguientes generaciones.
Otro factor relevante es la pérdida de documentación histórica. Guerras, incendios, inundaciones y otros desastres han destruido innumerables archivos a lo largo de los siglos. Como resultado, algunas familias han perdido la posibilidad de rastrear el origen de sus apellidos, creando la impresión de que estos nunca existieron antes de cierto momento en la historia.
Existen además casos relacionados con cambios legales de identidad. Algunas personas modifican su apellido por razones personales, familiares o administrativas. Cuando estos cambios no quedan adecuadamente documentados o se realizan en contextos complejos, pueden surgir registros difíciles de seguir, alimentando el misterio sobre el verdadero origen del nombre familiar.
Con el crecimiento de la genealogía digital, cada vez más individuos exploran su árbol familiar utilizando bases de datos históricas y herramientas especializadas. Durante estas investigaciones, no es raro descubrir que un apellido aparentemente extraño tiene una explicación sencilla relacionada con errores ortográficos, adaptaciones lingüísticas o registros incompletos.